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Prácticamente, ni bien llegué a Nueva Zelanda me instalé en la ciudad más grande, comencé a trabajar, alquilé un departamento y… salvo contadas escapadas parecía que en cierta forma no había hecho más que cambiar la rutina de siempre a otra geografía.
Decidí que era momento de viajar…
Viajar es no saber dónde dormir hasta pasado el atardecer, es volverse amigos inseparables con gente totalmente extraña (que no volverás a ver luego de unos días), es soltarse por completo a lo que el camino proponga, ser totalmente conscientes del minuto vivido y totalmente irresponsables con nuestro futuro. Viajar es ir sin preguntarse ¿a dónde vamos?, es aceptar caramelos de extraños, subirse a coches de desconocidos, reconocer que planear no tiene sentido, abandonar cualquier idea de privacidad y abrazar el hecho de que tu espacio personal no es algún rincón geográfico sino el que compartes con el resto del planeta.
Con esta idea en mente, me contacté con Kira y Jutta a través de couchsurfing y salimos a recorrer todo el norte de Nueva Zelanda; a los pocos días se nos sumaron Rory, Michelle y Natalia y luego Jeff, con lo que se armó una pequeña caravana de autos y carpas merodeando por diversos rincones de lo más variados (es decir, los más baratos).
Entre las cosas locas y no tan locas que pasaron, paramos unos días en la casa de un pibe en Paihía, que no solo nos llevó a navegar en velero, sino que me enseñó a navegar, fuimos a pescar con unos canadienses y lo único que sacaron fue una anguila (no me dejaron cocinarla), un tipo nos cedió un terreno cerca de una playa para que acampemos sin siquiera conocernos (le tuvimos que llamar para ofrecerle que nos vea aunque sea porque nos daba cosa caer así de zopetón, y por último pero no menos (ni más) interesante, terminamos el viaje a las carcajadas escapando de “la migra” con amenazas de deportación por no querer pagar la entrada a una cueva.
En fin, fueron 3 semanas muy variadas, donde la única premisa fue dejarse ir con el viaje (incluso al final ya nadie ni proponía lugares donde ir, sino que sólo disfrutábamos boludear con este nuevo grupo de amigos) por lo que no hay tanto para contar, así que les dejo algunas fotos.
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| Antes de iniciar el viaje con Jutta y Kira me hice una escapada a Mt Manganui, uno de los lugares “imperdibles” de NZ |
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| Playas de Waipu |
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| Playas de Waipu. No, no son photoshopeadas, ja! |
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| Gusanos fluorescentes en Abbey Caves. Estos habitan en los techos de las cuevas, lo que hace parecer que uno ve un montón de estrellas, cuando en realidad son estos gusanos quienes hacen la magia. |
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| Muelle de Paihia, en Bay of Islands. Ahí fue donde pescamos la anguila. |
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| Navegando en el velero. CHEERS! |
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| ”Timoneando como un campeón, ja! |
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| Balcón de la casa de Dan. Donde paramos unos días |
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| Pescador en Taupo Bay. Ésta no es una playa conocida, y lo que nos llevó allí fue la oferta de un couchsurfer de quedarnos en su terreno, cercano a la playa |
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| Kira en Taupo Bay, esta es de las mejores playas que ví en NZ. Tal vez por no ser de las más populares, conserva aún algo de misticismo al estar apartada de todos lados, sin nada de contaminación. |
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| Con Kira y Jutta luego de unas horas subiendo por las montañas |
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| Dunas en 90 mile beach |
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| Rodando por las dunas |
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| Preparativos para destrozar el auto de Rory en 90 mile beach!!!! |
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| Destrozando el auto de Rory en 90 mile beach!!!! |
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| Jugando en las dunas |
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| Jugando en las dunas |
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| Jugando con fuego |
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| Vista hacia el sur desde Cape Renga, el extremo norte de Nueva Zelanda |
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| Faro de Cape Renga. De fondo, donde se ven los dos tonos de celeste, es donde el océano Pacífico se junta con el mar de Tasmania |
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| Encuentro de los mares |
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| Señales en el faro |
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| 30 añitos! |
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| Nada hace una noche de camping tan interesante como una buena fogata |
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| Laburando hasta en las vacaciones, la chica al lado mío también es cocinera, así que demás está decir a quienes hicieron encargados de la comida todos los días |
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| Foto final, abrazados, saltando y toda la mariconada. |
Luego del viaje, Jeff (el que tiene la remera de los Rolling Stones) me invitó a quedarme en su casa, me quedé con él los últimos días de la semana de mi cumpleaños que fue seguida por el día de San Patricio (en la casa donde vivía habían 3 Irlandeses, lo que hacía esa fecha aún más especial) por lo que fue una seguidilla de “barbaques” y bares con una combinación explosiva de empezar la noche a las 4PM (modo irlandés) y terminar cerca de las 5AM (modo argentino).
Me invitaron a quedarme más tiempo con ellos, pero para mí (y en especial para mi billetera) ya habían sido demasiados festejos, y acepté una oferta de trabajo en Albany, en el norte de Auckland.
Jeff rodando por las dunas,,
Jeff rodando en la arena from Dias Nomade on Vimeo.
En 90 mile beach, arriba del auto de Rory
Driving 90 mile beach, NZ from Dias Nomade on Vimeo.
Luego de 3 meses viviendo en Auckland conociendo mucho pero viajando casi nada, aproveché que cerraban el restaurant donde trabajaba y decidí salir de la ciudad y hacer Wwoofing por un rato.
La idea es compartir el ritmo de vida en granjas orgánicas, se trabaja 3 a 4hs por día, depende del lugar, no te pagan nada, pero sí te dan alojamiento y comida.
Después de mucho buscar encontré la granja perfecta en Russell, de tamaño menor a media manzana, por lo que el trabajo era bien fácil, a 5 cuadras de la playa y 20 del centro; todo parecía bárbaro pero cuando me contacto con el dueño me dice que hasta Abril ya estaban llenos de gente.
Así que…
Después de mucho buscar encontré la granja casi perfecta, esta estaba en Whangarei, a 5km de la playa, 13 de la ciudad y de tamaño más o menos como 6 manzanas.
Más allá de los trabajos que haga, lo que más me interesaba es la gente con quien iba a vivir, después de todo y en el medio de la nada, lo que realmente hace a la experiencia son las relaciones con las personas, no con las verduras; así que me escribí un par de veces con Silver hablando de la nada y quedamos en que encontrarnos para vivir ahí por 3 semanas (cuando entramos en confianza me confesó pensaba que a los 5 días me iba a ir).
Silver y Ela son los dueños de la granja, no muy a gustos con la vida en la ciudad, se mudaron a Whangarei a literalmente vivir de la tierra. Hay una casa grande en el medio de todo que es algo así como el cuarto común, donde está la cocina, sala de estar y baño; junto a esa está el súper hotel palta y algunas carpas donde se alojan los wwoofers, y al fondo está la carpa donde duermen ellos (Silver quiere construír una casa pero Ela insiste en que no necesitan un techo y están más cómodos en la carpa, así que cada tanto se tratan de convencer mutuamente de la mejor opción).
Los sábados hay una feria de alimentos en la ciudad donde los productores locales venden vegetales, hierbas, vinos, licores, carnes, pescados, etc.. la única condición que se debe cumplir para participar es que los productos sean de cultivo propio y 100% orgánicos.
Allí Silver tiene un puesto donde vende ajo, palta, limones, naranjas, zuccinis, acelga y pepino, todo fresco, natural y extremadamente caro, pero a la gente de NZ le copa la onda de comer orgánico y todas las personas con las que viví hasta ahora me mostraron orgullosos la alacena donde todo lo que compraban en el súper era de origen nacional (en Auckland especialmente, los supermercados están llenos de productos asiáticos) por lo que a veces no los importa pagar un poco más cuando sienten que ayudan a la economía del país.
De vuelta en la granja, además de los vegetales que venden en el mercado, hay 2 huertas donde hay de todo un poco destinadas al consumo propio.
Como la familia es vegana la dieta se basa básicamente en los distintos vegetales que cosechan y otros que intercambian con la gente del mercado. Por suerte, tienen experiencia en vivir con gente no-vegana y para mí y Felicitas (mi compañera wwoofer) nos compraron pan lactal y unas barras de queso como para que no nos dé un síncope estomacal. Los primeros días quería respetar la onda ultra verde veganísima, pero tanta fruta y zuccini me cansaron y al cuarto día empecé la dieta de sándwiches de queso con lo que sea que encuentre en la heladera (como la planta de zuccini dio un montón, casi todas las comida son alguna variedad de zuccini con ensalada y legumbres).
En la segunda semana descubrí el cajón de los condimentos (que como nadie usaba pensé que ni existían) así que tomé riendas en el asunto y empecé a hacer la comida todos los días. Todos felices de la vida, Ela me preguntó varias veces por las recetas, lo que era imposible de decirle porque todas mis preparaciones consistían básicamente en inventar lo más diferente posible a lo que hice el día anterior con los mismos ingredientes a disposición (mis platos eran algo así como el vestido Channel de Marge Simpson). De todos modos sí tenía un haz bajo la manga que era ponerle a todo una especie de pasta de harina que todavía no bauticé.
La tercera semana se me acabó el queso y el pan lactal y ahí sí experimenté el veganismo en su máxima expresión, pero merendar zuccinis y batatas no me motivaba mucho así que me pasé a la dieta del cafeísmo y me bajé los 5 kilos de café que me traje del restaurant.
La jornada de trabajo arrancaba a eso de las 8, hasta cerca de las 12. El primer día me tocó levantar piedras del campo de ajo. Como la zona es volcánica, por todos lados está lleno de piedras que van del tamaño de una pelotita de golf al de una rueda de camión (a esas les tenía que dar masa con un cincel para poder levantarlas).
Las primeras 2 horas las pasaba bastante bien, la tercera ya trabajaba a media máquina y después me quedaba una hora más trabajando a medias y filosofando mucho acerca de qué cuernos estaba haciendo allí cuando podía estar en cualquier otro lado sin piedras, ni carretilla, ni mosquitos y todos los etc. No hicieron falta ni dos días para saber definitivamente que no estoy hecho para trabajar en el campo, si bien le ponía todas las ganas, mi cuerpo me dejaba en banda antes del segundo tiempo.
Como las piedras son infinitas tanto en cantidad como en la capacidad de destruirte el espíritu, Silver me iba variando las tareas y a veces tiraba ramas de árboles podados debajo de los de palta y mandarina para hacer una especie de abono, y otras veces me ponía a limpiar ajo que era lejos lo más fácil del mundo, casi lo mismo que sentarse a ver televisión.
Cada día me ofrecían variar mis tareas o hacer algo más simple, pero como me daba cosa dejarlos solos con las tareas más pesadas, siempre terminaba con mis viejas y queridas piedras. Un día encontramos una piedra más o menos del tamaño de medio Fiat 600 (no exagero) y nos llevó como 3 días despedazarla y sacar sus partes, ya estábamos tan ensañados que el último día la terminamos de sacar como en 6 horas bajo la lluvia, todo embarrados, y empapados, pero a esa altura ya ni nos importaba.
Y así los días eran bastante similares, a la mañana se trabajaba, a la tarde me solía quedar hablando mucho con Ela de la vida, política, países y todos los etcéteras.
En estos meses, la Cristi, la crisis, la devaluación, los saqueos y demás cosas que lamentablemente no tienen otra calificación que cotidianidades, van poniendo a Argentina en distintas portadas internacionales, por lo que la gente siempre me pregunta sobre la situación social y económica del país (cosa de la que ya medio estoy cansado de hablar). Ela no fue la excepción y también me hacía preguntas sobre la economía argentina pero, distinto al resto de los europeos con quienes hablé, ella fue la primer persona que realmente me entendía cuando le explicaba, es más todo el tiempo asentía repitiendo la frase “-Claro, igual que en Polonia (su país de origen) en la época de Rusia comunista”. No adentré mucho en el tema, pero escuchar tantas veces esa afirmación cuando explicaba las políticas argentinas me impresionó un poco.
Nota al margen: por lo general, la “información” que se reparte en Europa es que absolutamente todos los desmanes económicos son consecuencias de no pagarle a los fondos internacionales que casualmente son también europeos, ja!.
Finalmente (y para tratar de satisfacer las inquietudes de Javier), hay granjas que son autosuficientes y otras que lo son a medias, ésta es del segundo tipo. El agua se bombea de una especie de aljibe a un tanque, los alimentos son todos frutos de la cosecha propia o de intercambio en el mercado y las cosas extras que se compran (como herramientas, a veces madera, tierra abonada y mi barra de queso) así como el pago de la electricidad, nafta y etc... surgen de la venta principalmente de ajo.
El ajo se planta en Mayo y se cosecha después del invierno y luego dura almacenado unos 6 meses durante los cuales van vendiendo más o menos de 5 a 15 kilos por semana.
La palta empieza a dar frutos en setiembre, más o menos hasta marzo y se venden recién sacados del árbol.
Estos son los 2 principales vegetales que cosechan para vender por la simple razón de que crecen muy bien en esta tierra y clima, el resto (que a veces también se vende) es más por hobbie.
De esta forma, la actividad fuerte es entre Setiembre y Mayo, que es preparar la tierra entre cosecha y cosecha, ver la rotación de cultivos, abonar las plantas y sacar los yuyos. En invierno no trabajan porque hace mucho frío y como este año cosecharon de más, en vez de prepararse para ampliar el mercado como todo capitalista, decidieron empezar a cosechar menos para no tener más de lo que necesitaban vender.
La vida es extremadamente tranquila, no hay quehaceres diarios, sino que simplemente hay cosas para hacer, de este modo no se siente tanto como un trabajo, sino que cada día uno se levanta y elige qué hacer para mejorar el lugar o las plantaciones, como no hay exigencias ni apuro, la cantidad que se trabaja depende nada de la motivación de cada día.
Con Silver solíamos ir a dar vueltas por la ciudad y me llevó a los sitios turísticos, me explicaba con toda la paciencia del mundo mis millones de preguntas y cada vez que trabajaba al lado mío aprendía todas las formas posibles de putear en español a una piedra. Me ofreció quedarme todo el tiempo que quisiera pero, aunque la pasé muy bien las 3 semanas que me quedé, decidí que era tiempo de irme y lentamente empezar a buscar trabajo. Queda 1 mes nomás de verano así que si bien no tengo idea del rumbo, supongo que va a ser para el norte y ver de agarrar un poce de calor.
Después de mucho buscar encontré la granja perfecta en Russell, de tamaño menor a media manzana, por lo que el trabajo era bien fácil, a 5 cuadras de la playa y 20 del centro; todo parecía bárbaro pero cuando me contacto con el dueño me dice que hasta Abril ya estaban llenos de gente.
Así que…
Después de mucho buscar encontré la granja casi perfecta, esta estaba en Whangarei, a 5km de la playa, 13 de la ciudad y de tamaño más o menos como 6 manzanas.
Más allá de los trabajos que haga, lo que más me interesaba es la gente con quien iba a vivir, después de todo y en el medio de la nada, lo que realmente hace a la experiencia son las relaciones con las personas, no con las verduras; así que me escribí un par de veces con Silver hablando de la nada y quedamos en que encontrarnos para vivir ahí por 3 semanas (cuando entramos en confianza me confesó pensaba que a los 5 días me iba a ir).
Silver y Ela son los dueños de la granja, no muy a gustos con la vida en la ciudad, se mudaron a Whangarei a literalmente vivir de la tierra. Hay una casa grande en el medio de todo que es algo así como el cuarto común, donde está la cocina, sala de estar y baño; junto a esa está el súper hotel palta y algunas carpas donde se alojan los wwoofers, y al fondo está la carpa donde duermen ellos (Silver quiere construír una casa pero Ela insiste en que no necesitan un techo y están más cómodos en la carpa, así que cada tanto se tratan de convencer mutuamente de la mejor opción).
Los sábados hay una feria de alimentos en la ciudad donde los productores locales venden vegetales, hierbas, vinos, licores, carnes, pescados, etc.. la única condición que se debe cumplir para participar es que los productos sean de cultivo propio y 100% orgánicos.
Allí Silver tiene un puesto donde vende ajo, palta, limones, naranjas, zuccinis, acelga y pepino, todo fresco, natural y extremadamente caro, pero a la gente de NZ le copa la onda de comer orgánico y todas las personas con las que viví hasta ahora me mostraron orgullosos la alacena donde todo lo que compraban en el súper era de origen nacional (en Auckland especialmente, los supermercados están llenos de productos asiáticos) por lo que a veces no los importa pagar un poco más cuando sienten que ayudan a la economía del país.
| Silver en el Mercado |
De vuelta en la granja, además de los vegetales que venden en el mercado, hay 2 huertas donde hay de todo un poco destinadas al consumo propio.
Como la familia es vegana la dieta se basa básicamente en los distintos vegetales que cosechan y otros que intercambian con la gente del mercado. Por suerte, tienen experiencia en vivir con gente no-vegana y para mí y Felicitas (mi compañera wwoofer) nos compraron pan lactal y unas barras de queso como para que no nos dé un síncope estomacal. Los primeros días quería respetar la onda ultra verde veganísima, pero tanta fruta y zuccini me cansaron y al cuarto día empecé la dieta de sándwiches de queso con lo que sea que encuentre en la heladera (como la planta de zuccini dio un montón, casi todas las comida son alguna variedad de zuccini con ensalada y legumbres).
En la segunda semana descubrí el cajón de los condimentos (que como nadie usaba pensé que ni existían) así que tomé riendas en el asunto y empecé a hacer la comida todos los días. Todos felices de la vida, Ela me preguntó varias veces por las recetas, lo que era imposible de decirle porque todas mis preparaciones consistían básicamente en inventar lo más diferente posible a lo que hice el día anterior con los mismos ingredientes a disposición (mis platos eran algo así como el vestido Channel de Marge Simpson). De todos modos sí tenía un haz bajo la manga que era ponerle a todo una especie de pasta de harina que todavía no bauticé.
La tercera semana se me acabó el queso y el pan lactal y ahí sí experimenté el veganismo en su máxima expresión, pero merendar zuccinis y batatas no me motivaba mucho así que me pasé a la dieta del cafeísmo y me bajé los 5 kilos de café que me traje del restaurant.
La jornada de trabajo arrancaba a eso de las 8, hasta cerca de las 12. El primer día me tocó levantar piedras del campo de ajo. Como la zona es volcánica, por todos lados está lleno de piedras que van del tamaño de una pelotita de golf al de una rueda de camión (a esas les tenía que dar masa con un cincel para poder levantarlas).
Las primeras 2 horas las pasaba bastante bien, la tercera ya trabajaba a media máquina y después me quedaba una hora más trabajando a medias y filosofando mucho acerca de qué cuernos estaba haciendo allí cuando podía estar en cualquier otro lado sin piedras, ni carretilla, ni mosquitos y todos los etc. No hicieron falta ni dos días para saber definitivamente que no estoy hecho para trabajar en el campo, si bien le ponía todas las ganas, mi cuerpo me dejaba en banda antes del segundo tiempo.
Como las piedras son infinitas tanto en cantidad como en la capacidad de destruirte el espíritu, Silver me iba variando las tareas y a veces tiraba ramas de árboles podados debajo de los de palta y mandarina para hacer una especie de abono, y otras veces me ponía a limpiar ajo que era lejos lo más fácil del mundo, casi lo mismo que sentarse a ver televisión.
Cada día me ofrecían variar mis tareas o hacer algo más simple, pero como me daba cosa dejarlos solos con las tareas más pesadas, siempre terminaba con mis viejas y queridas piedras. Un día encontramos una piedra más o menos del tamaño de medio Fiat 600 (no exagero) y nos llevó como 3 días despedazarla y sacar sus partes, ya estábamos tan ensañados que el último día la terminamos de sacar como en 6 horas bajo la lluvia, todo embarrados, y empapados, pero a esa altura ya ni nos importaba.
Y así los días eran bastante similares, a la mañana se trabajaba, a la tarde me solía quedar hablando mucho con Ela de la vida, política, países y todos los etcéteras.
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| Así como lo ven, apenas se mueve la tierra aparecen ejércitos enteros de piedras |
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| Recolectando el ajo |
En estos meses, la Cristi, la crisis, la devaluación, los saqueos y demás cosas que lamentablemente no tienen otra calificación que cotidianidades, van poniendo a Argentina en distintas portadas internacionales, por lo que la gente siempre me pregunta sobre la situación social y económica del país (cosa de la que ya medio estoy cansado de hablar). Ela no fue la excepción y también me hacía preguntas sobre la economía argentina pero, distinto al resto de los europeos con quienes hablé, ella fue la primer persona que realmente me entendía cuando le explicaba, es más todo el tiempo asentía repitiendo la frase “-Claro, igual que en Polonia (su país de origen) en la época de Rusia comunista”. No adentré mucho en el tema, pero escuchar tantas veces esa afirmación cuando explicaba las políticas argentinas me impresionó un poco.
Nota al margen: por lo general, la “información” que se reparte en Europa es que absolutamente todos los desmanes económicos son consecuencias de no pagarle a los fondos internacionales que casualmente son también europeos, ja!.
Finalmente (y para tratar de satisfacer las inquietudes de Javier), hay granjas que son autosuficientes y otras que lo son a medias, ésta es del segundo tipo. El agua se bombea de una especie de aljibe a un tanque, los alimentos son todos frutos de la cosecha propia o de intercambio en el mercado y las cosas extras que se compran (como herramientas, a veces madera, tierra abonada y mi barra de queso) así como el pago de la electricidad, nafta y etc... surgen de la venta principalmente de ajo.
El ajo se planta en Mayo y se cosecha después del invierno y luego dura almacenado unos 6 meses durante los cuales van vendiendo más o menos de 5 a 15 kilos por semana.
La palta empieza a dar frutos en setiembre, más o menos hasta marzo y se venden recién sacados del árbol.
Estos son los 2 principales vegetales que cosechan para vender por la simple razón de que crecen muy bien en esta tierra y clima, el resto (que a veces también se vende) es más por hobbie.
De esta forma, la actividad fuerte es entre Setiembre y Mayo, que es preparar la tierra entre cosecha y cosecha, ver la rotación de cultivos, abonar las plantas y sacar los yuyos. En invierno no trabajan porque hace mucho frío y como este año cosecharon de más, en vez de prepararse para ampliar el mercado como todo capitalista, decidieron empezar a cosechar menos para no tener más de lo que necesitaban vender.
La vida es extremadamente tranquila, no hay quehaceres diarios, sino que simplemente hay cosas para hacer, de este modo no se siente tanto como un trabajo, sino que cada día uno se levanta y elige qué hacer para mejorar el lugar o las plantaciones, como no hay exigencias ni apuro, la cantidad que se trabaja depende nada de la motivación de cada día.
Con Silver solíamos ir a dar vueltas por la ciudad y me llevó a los sitios turísticos, me explicaba con toda la paciencia del mundo mis millones de preguntas y cada vez que trabajaba al lado mío aprendía todas las formas posibles de putear en español a una piedra. Me ofreció quedarme todo el tiempo que quisiera pero, aunque la pasé muy bien las 3 semanas que me quedé, decidí que era tiempo de irme y lentamente empezar a buscar trabajo. Queda 1 mes nomás de verano así que si bien no tengo idea del rumbo, supongo que va a ser para el norte y ver de agarrar un poce de calor.
Es difícil pensar que hoy (6 de Febrero) se está celebrando el día nacional de Nueva Zelanda, o al menos así lo considera una parte de los habitantes, puesto a que hay reclamos en cuanto a si corresponde o no festejar en dicha fecha.
No recuerdan el día de su emancipación como la mayoría de los países, sino todo lo contrario, el día que aceptaron soberanía inglesa sobre sus tierras.
En Bay of Islands se encuentran autoridades británicas, neozelandesas y representantes maoríes (algunos aún con vestimentas típicas) y se realizan actos simbólicos, celebraciones, aplausos y todo el circo que nos gusta consumir.
| Acto por el día de Waitangui |
Mientras vemos la puesta en escena por televisión, Silver suelta lo que venía acumulando:
- ¡Pero qué estúpido! ¿Cómo van a celebrar este día?
Anteriormente, hablé con dos neozelandeses sobre la colonización inglesa, uno me dijo que si bien los ingleses invadieron el país, tienen ahora gracias a ello rutas, electricidad y demás etcéteras de las comunidades modernas por lo que, pasado pisado, al final resultó un trato bastante bueno para los habitantes de estas tierras (bue, más bien para los de ahora, puesto que la suerte de los contemporáneos de la colonización no fue tan buena).
La segunda persona que me comentó algo al respecto fue un ex militar en un bar de retirados de las fuerzas armadas y me explicó que todos los días a las 19hs hacen un minuto de silencio por los caídos en combate. Parte del Commonwealth es que Nueva Zelanda debe aportar soldados en todos los enfrentamientos armados que Inglaterra intervenga (¿se imaginan?, no sólo deben estar dispuestos a morir por su país, ¡sino también por uno que está en la otra punta del planeta!).
Hasta ese momento, y para mi sorpresa, parecía que los neozelandeses habían abrazado íntegramente el hecho de formar parte de la corona británica en una forma totalmente nueva para mí.
Pero ahora me encuentro con Silver, quien trata de payasada y estupidez a la celebración de hoy, donde se recuerda la firma hace 174 años del tratado de Waitangi, donde maoríes aceptaban cierta soberanía inglesa en el territorio a cambio del protectorado de la corona. El grado de soberanía aún se encuentra en disputa debido a las distintas interpretaciones del tratado y llegó a desencadenar guerras entre neozelandeses e ingleses.
| Representación de la firma del tratado en el Instituto de Artes y Artesanías de Rotorua |
Para la mayoría de los neozelandeses con descendencia europea tiene total sentido concebir al tratado de Waitangi como el nacimiento del país, pero ¿cómo podrían los maoríes concebirlo de la misma forma?, sería como esperar que Incas, Mapuches y Sanavirones festejen la llegada de Colón a América. Aunque claro, en este sentido los Maoríes no tienen nada que envidiar al destino que sufrieron estos otros, y sí; considerando los resultados de las colonizaciones a lo largo del planeta, podemos decir que aquí obtuvieron un trato bastante bondadoso.
Actualmente hay un grupo de resistencia Maorí que también se hace presente en este día, pero no para celebrar, sino para fortalecer su lucha por el respeto del tratado original donde los ingleses podían explotar la tierra económicamente, pero no adueñarse de ella.
| HONOUR THE TREATY!! es el reclamo anual de los neocelandeces |
Debo decir que más allá de las diferencias sobre este día en particular; constantemente se ve un esfuerzo genuino por parte del gobierno por recuperar y revalidar la cultura maorí en el país. En los últimos años se creó un canal de habla maorí, así como se agregó la enseñanza de ese idioma en los colegios; también se conservó el nombre original de ciudades, lugares y documentos oficiales; se da ayuda a la difusión de todas las ramas culturales nativas (más allá de los famosos tallados en madera y bailes de Haka, se ven actividades de pintura, música, cine, etc) y de a poco, se está dando compensación económica y se le están devolviendo algunas tierras a los habitantes originarios… eso sí, de a poco y luego de varios juicios, no sea que se les ocurra pretender obtener todo lo que alguna vez fue suyo…
En palabras de Steve:
“Waitangi day is a disgrace, a day of shame for most NZers. Where did the idea that Maori and the crown have a partnership come from? There never was nor was it ever intended to be a partnership, the treaty has been twisted out of all proportion to suit radical Maori and inept and corrupt governments. Chris Whinlayson should be charged with treason for the way he has turned our country that our forebears worked and fought for into a racially divided train wreck, a gravy train for racist liars and thieves that have stolen our forest and fisheries, the foreshore and seabed that were never even mentioned in the original treaty. Our schools are feeding our young a revised pack of lies to suit the racist agenda we have had force fed down our throats. The gutless media have a lot to answer for by not exposing the rort that is the revised treaty lie, where has honest journalism gone? Why are the media so afraid to confront those that promote the racist agenda for what it really is, the greatest con the world has ever seen.”
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