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Hacía un par de meses (6 para ser exactos) que estaba trabajando en un lugar que no me gustaba, la paga era bastante buena y mucho no tenía de qué quejarme o renegar, ni nada; pero definitivamente no era mi onda, el ambiente general no iba conmigo y la rutina iba ganando a la pasión de realizarlo. A menudo me toca trabajar con personas que llevan varias décadas renegando de lo que hacen, a veces me gustaría decirles que dejen de perder el tiempo… cada segundo respirado es demasiado valioso como para desperdiciarlo con el ceño fruncido (sí puedo llegar a entender a quienes lo hacen por su familia, quienes tienen toda mi admiración).

En fin, el hecho es que mucho no me iba lo que hacía, no lo detestaba, pero no me permitía desarrollarme ni ser creativo, ni saborear los detalles que disfruto de mi profesión.
Estaba sentado frente a la compu, no recuerdo qué hacía, probablemente nada interesante, con winamp en modo aleatorio de fondo, y en eso ciertas frases de una canción empiezan a tomar mayor importancia de lo que me encontraba realizando. No soy de prestar atención a las letras de las canciones, por lo general me copan las melodías y algunos párrafos que saco pero difícilmente pueda recitar una canción entera de memoria. Sin embargo, este tema empezaba a sonar cada vez con mayor acento en mi oído. Probablemente lo escuché montones de veces antes sin darle ninguna importancia (de hecho, ni siquiera es de mis bandas preferidas), pero esta vez las circunstancias armonizaron perfectamente con la letra para darme una cachetada hacia la dirección correcta lo que me hizo prestar más atención y ahora, cada vez que la escucho, recuerdo el empujón que me dio para dejar todo y elegir mi camino.
En esos 3 minutos que duraron eternidades, decidí renunciar a mi trabajo y tomar otro, que fue en cierta forma el inicio de mi vida nómade (de hecho, fue la primera vez que dejaba mi ciudad para trabajar en un lugar nuevo).

El tema en sí es Vas Caminando, de Los Cafres. No explico la letra porque haba por sí sola, pero sí voy a resaltar esas frases particulares que sincronizaron con mis pensamientos (qué se puede esperar después de todo con una canción cuya frase inicial es “tenés tu propio lugar”, ¿no?).



VAS CAMINANDO, LOS CAFRES

Tenés tu propio lugar
Tu propio lugar

Hoy vas caminado
Hoy estás siendo
No hay tiempo para ver
Quién puede saber

Ya no hay más que dudar
No hay más que buscar
Es el momento de avanzar
Nunca te conformes con menos


Elegí como lanzar
Y no dudes más,
Mandate sin miedo

Conocé tu lugar

Vas caminando, este es tu juego
El que está listo puede ver
El que no se va a joder

No hay forma de corregir lo que no conocés
Sabes bien qué es lo que cuenta
Nunca te conformes con menos

Elegí como lanzar
Y adelante, mandate sin miedo

Elegí como jugar
Y que pieza vas a mover primero

Nunca te conformes con menos

Más vale que lo veas hoy
Más vale que lo entiendas
Aquel destino está hoy presente
Tu camino es el presente

Disfrutalo hoy, disfrutalo hoy
Olvidate de esa sombra
Nunca te conformes con menos


Que no te confundan...



Este post forma parte del Veo Veo, un juego de dinámicas creativas que consiste en dar a conocer lugares, sensaciones y experiencias sobre distintos lugares del mundo. Es una excusa para conocer lugares de la mano de otros viajeros, contarnos historias, viajar aunque no tengamos la oportunidad de hacerlo, conocer otros viajeros que andan dando vueltas por el mundo.
El 15 de cada mes salimos todos a volar con nuestra imaginación y dejarnos sorprender. ¿Querés sumarte? Está abierto a cualquiera que quiera participar, podés ver toda la info en el grupo de Facebook

Otras canciones:
Babelia Heterogénea, Caminando por el globo, Dale, viajá, Marcando el Polo, Pensadora, Tentación creativa, Hey hey world, The indie trendy, Planeta tour, Cruzar la puerta, Ir andando





Nunca me imaginé que me iba a sentir tan raro hablando en otro idioma, a veces hasta me parece extraño que la gente me de bola siendo que yo me escucho como un completo inútil (bien a lo tarzán, diciendo con palabras la mitad de las oraciones y dejando que se sobreentienda la otra mitad).
Igual me puedo hablar coherentemente y a la vez entiendo casi todo lo que me dicen; si me hablan con acento yankee o europeo todo bien, pero cuando es acento neocelandés (que en realidad es algo así como un rejunte de los peores vocablos del acento inglés) o asiático se me complica.


Por lo general si hablo con amigos o personas que recién conozco, la conversación es bastante fluida (igual acá la mayoría son extranjeros así que más o menos estamos todos en la misma) pero ya cuando tiene que ser sobre algo específico ahí sí tengo que resetear el CPU un par de veces para encontrar lo que quiero decir, en especial en el trabajo, que debo hablar rápido y dar órdenes a dos sectores donde la mayoría de las veces opto por señalar las cosas en vez de decirlas (y sí, un par de veces la respuesta fue: ¡SPEAK!, en vez de OK). Sin embargo, palabras más palabras menos nos vamos entendiendo.

Ahora lo que sí extraño a montones son los modismos, esas cosas que decimos más allá de las palabras, nuestra forma de hablar es también parte de nuestra personalidad y creo que perdí un poco de eso en Nueva Zelanda. Acá van unos ejemplos para que entiendan mejor:

Cuando me preguntan: - ¿How are you? (mitad pregunta, mitad saludo), la respuesta es. – Excellent!, o también: – All good!, cuando suena mucho mejor un: - Joia, pá! O un: - Bárbaro, delirando de placer!

También cuando no entendí lo que me dijeron, respondo con un simple “¿What?”, cuando en cordobés, mi respuesta sería un “¿Qué lo qué?” (mucho más interesante y mucho más yo que el “what”)

Y así con un montón de cosas… decir que te levantaste hecho bolsa luego de una noche de fiesta, no es lo mismo que decir que tenés head ache; y I Don’t know nunca va a tener la magia de un qué si yo… y así con la mayoría de las expresiones que al ser tan propias de donde nacimos, se sienten como una parte importante de nosotros mismos.

Cuando por ahí pensamos en la comunicación en otra lengua, la diferencia está mucho más allá (a mi entender) del conocimiento del idioma en sí. La forma en que decimos las cosas a veces dice mucho más que las propias palabras, por ejemplo, los coreanos parece que se están quejando siempre pero es que el acento natural de ellos suena similar al nuestro cuando nos quejamos. Si dos franceses hablan rápido en su lengua natal es casi imposible saber si están hablando amablemente o están a punto de caerse a trompadas.

Por suerte, todas las personas me dicen que les gusta mi acento sudamericano, aunque más que un acento es una mala pronunciación de todas las palabras, anécdota de paso:

Mi primera conversación en Nueva Zelanda fue con un chofer de ómnibus, al que le pregunté por la empresa que estaba buscando la cual se llamaba Airbus, la cuál yo pronuncié textual y fonéticamente de esa forma. Luego de pensar un poco, la respuesta del chofer fue: “Ah… EArbus” con lo que me di cuenta que ya no estaba en Sudamérica donde la todo el mundo pronuncia mal el inglés más o menos de la misma forma y nos entendemos más fácil.


Así es, como dice el COMBO DOMINICANO, no estaba muerto, estaba de parranda, lo que me tuvo alejado del 100% de mis facultades mentales y de todo estilo de vida cerebro-pensante (blog incluido).

Octubre fue mi último mes en Argentina por lo que me dediqué en exclusiva a pasar todo el tiempo con amigos y familia. Cambié la mochila por un placard, el jabón blanco por un lavarropas y las ojotas por zapatillas.

Estar “en casa” se sintió un tanto extraño, en 5 días nomás ya te encontrás inmerso en una especie de rutina, en la semana toda la gente trabaja, por lo que básicamente debo esperar el fin de semana para convivir con el resto, aunque esto hace a la vez que esos 2 días mágicos de la semana valgan el doble; y sí que los hice valer, la cantidad de carne ingerida en este último mes es más o menos equivalente a lo que había comido en total durante 6 meses (hasta hubo un terrible chivito a la parrilla en medio de todo eso).

Algo que noté también es la tremenda cantidad de consumismo en el que estamos inmersos, luego de vivir unos meses en un pueblo de 400 habitantes, y donde la única salida que encontraba mi dinero eran los paquetes de yerba (y las botellas de fernet); encontré que hacia donde mire en la ciudad alguien me quería vender algo.
Bueno, así fue toda la vida, pero luego de estar un tiempo sin comprar nada que no sea absolutamente necesario, la mayoría de las vidrieras repelen. Sin pensar mucho en el asunto, creo que la gente debe gastar un 50% de lo que gana en cosas innecesarias; por lo que invertirían el 50% del tiempo de su vida en ello resignando montones de cosas nada más que por un televisor 2 pulgadas más grande. ¿Cuánto se sacrifica por todo eso?

Ups!, este post se fue bien por las ramas; en menos de tres párrafos. Este post debería decir algo como que por qué me fui, dejé todo, decidí que toda mi casa quepa en la mochila y todos esos etcéteras, pero la realidad es que me parece un estado natural, no veo tan dispar la diferencia entre elegir establecerse y crear raíces en tu entorno como en el recorrer distintas culturas y crear conexiones con ellas. La costumbre por ahí hace que la segunda suene un tanto rara, pero… en fin, es sólo otra forma de recorrer el camino.


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